sábado, 23 de julio de 2016

Toque de queda.

Las campanadas dictaban el toque de queda, que obligaba a todo el mundo a abandonar las calles y regresar de manera inmediata a sus hogares. Resultaba extraño... Pues desde que habia vivido en aquel pueblo jamas supe el motivo exacto de dicho toque de queda. Siempre habia tenido aquella curiosidad. Por ello aquella noche, no regrese a mi casa. Me quede en las calles, las cuales estaban totalmente vacias de vida. No se oia nada, mas que el dulce susurro del viento. Empezaba a oscurecer y se empezaba a oir un canto dulce femenino... Me preguntaba una y otra vez por su origen. Lo empece a escuchar con los oidos bien abiertos como dos antenas. Venia del parque del pueblo, y aquello era extraño, pues pensaba"Como de fuerte tiene que cantar", pues dicho parque se encontraba a cinco manzanas de aquel lugar. Seguia el camino o el rastro dulce que dejaba su tierna voz para mis oidos. Cuando llegue, encontre alli a una hermosa dama vestida de blanco. De la cabeza a los pies... Y resultaba ironico, porque los llevaba descalzos. Ella aun no notaba mi presencia, y yo, me deleitaba con su voz desde la distancia. En cierto momento decidi acercarme tan lentamente, que el quiebro de las ramas caidas de los arboles resultabsn ser gritos comparados con los pasos ligeros de mis pies. Ella acaba su dulce sinfonia, y se daba media vuelta. Me ofrece su mano, y yo la tomo de manera educada. Ella me abraza y lentamente nos hundimos en el suelo. Solo me quedaba decir una frase:
-Diabla, arrastrame hasta los infiernos, a cambio...De un tierno beso.

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